martes, 16 de marzo de 2010

TENGO UN COCHE MUY BUENO

Siento aburrirles con una reciente batallita, pero cuando la hayan leído entenderán que a alguien tenía que contársela. Al fin y al cabo, es lo único que voy a sacar de esto.

Mi coche es tan bueno que el pasado domingo decidió tomar el mando y no arrancar. No le importó que estuviera a 400 kilómetros de mi lugar de residencia, y a más de 50 de la civilización, ya que un coche bueno está por encima de estas cosas. Sencillamente, decidió no andar, pese a su juventud -más o menos tres años-, a lo poco que le pido -no llega a 70.000 km- y al dineral que me supone mantenerle regularmente con los únicos talleres en los que confía -los oficiales de su marca-. Tampoco tuvo en cuenta que en su día me gastara mucho más de lo que costaban los de la competencia, en la confianza estúpida de que un coche bueno no toma estas decisiones por su cuenta. Mi coche es bueno, pero bastante ingrato, la verdad.

La llave de mi coche es tan buena (y tan electrónica) que al tratar de arrancar el motor el visor de mensajes me dijo que tenía un “error de llave” y que probara de nuevo. No le importó contestarme lo mismo las 143 veces que probé, con total impertinencia. El sitio donde se introduce la llave es tan bueno que al probar con una segunda llave me siguió pasando lo mismo. Los coches malos tienen unas llaves metálicas, antiguas, sin electrónica, y claro, nunca les pasan estas cosas misteriosas ni tienen caché como para tener errores. La anticuada mecánica, ya se sabe.

Lógicamente, un coche tan bueno, una vez que se cierra en banda, se mantiene hasta el final; al menos es consecuente y no relativiza. A este coche tan bueno, si la llave electrónica no le responde, se niega a hacer absolutamente nada. No hay quien lo arranque empujando, por ejemplo, o quien le desbloquee la dirección. No se puede ni oír la radio o poner la calefacción para no volverse azul mientras esperamos solucionarlo. Adelantos de la técnica se llama a esto.

Aún hay más. El manual de mi coche es tan bueno que si se lo tirara a la cabeza al que me vendió el coche probablemente le causaría una avería cerebral, del grosor y peso que tiene. Gracias a esta enciclopedia sé cómo funcionan un montón de cosas que mi coche no tiene (deben ser extras que no me incluyeron), pero por ningún lado viene una lista de los posibles mensajes del visor ni de instrucciones para actuar en consecuencia. En un coche bueno, que se comunica con el conductor mediante un visor, es lo primero que yo hubiera puesto en su manual, pero entiendo que yo soy un ignorante y que no sé nada de manuales de coche.

Me dirán ustedes que no se lo merece, por ingrato, pero a pesar de todo, conseguí llevar a mi coche a un taller -oficial, por supuesto- en la capital de la provincia en la que me abandonó a mi suerte, con la colaboración de un esforzado operario (qué gran tipo, por cierto) y su grúa. Veinticuatro horas después he tenido respuesta del jefe de mecánicos (¿o son electrónicos?): mi coche es tan bueno que no pueden saber qué le pasa, ya que sin que la llave se accione no pueden tener acceso a los sistemas de información de mi coche. Sistemas de información. No sabía que mi coche los tenía, la verdad. Claro, es un coche tan bueno…
¿Solución? Me ponen todo el bloque de llave y “cerradura” nuevo (300 euros para empezar… con eso me compro una puerta entera… pero no electrónica, claro), y así mi coche se digna comunicarse de nuevo, y luego ya veremos, según lo que nos diga la pantallita. No me garantizan que el coche estalle a continuación, por ejemplo (espero que me lo den probado, por cierto). Por cierto, la pieza necesaria tarda dos días en llegar al taller; la deben traer en diligencia.

Visto el panorama, he decidido traerme el coche y que me lo arreglen en mi ciudad de residencia. Decisión equivocada, me temo. La marca de mi coche es tan buena que sus talleres oficiales de milagro me han cogido el teléfono. No les ha conmovido oír llorar a un mocetón de mi edad, ni les han asustado las amenazas bíblicas con las que he tratado de presionarles: me consideran un privilegiado dándome cita para dentro de un mes. Ni siquiera en el taller donde lo suelo llevar a las puntuales revisiones periódicas (que para esto suelen ser simpatiquísimos, y que siempre me dan cita de un día para otro) se han apiadado del que era, hasta hace poco, un gran cliente. Parece que para cambiar el aceite de mi coche a precio de oliva virgen y con una mano de obra que debe ser de controlador aéreo, a juzgar por las facturitas, siempre hay hueco, pero para una emergencia no es tan sencillo. Para qué las prisas, se suele decir.

A estas alturas, no sé muy bien qué más me va a pasar, ni cuántos días estaré sin coche, ni cuánto dinero me va a costar todo esto. Lo que sí sé es el final de la historia. En cuanto el coche arranque, lo vendo al mejor postor, y a continuación me compro otro, si puede ser, no tan bueno. Y es que los coches buenos son muy caprichosos. Y yo es que los prefiero más malos, que se puedan empujar, que no se comuniquen conmigo, que se oiga la radio mientras esperas la grúa, con manuales de cuatro páginas, y con una llave dentada, de las de toda la vida… Es que soy un antiguo, y como el venerable anciano de “Esperanza y gloria”, yo también maldigo a Volta, Amperio y Faradio.

(NOTA: ¿Qué cuál es el coche tan bueno, protagonista de esta historia? Un VOLVO V50. Lo vendo barato, por cierto. Gran coche, y grandes talleres oficiales, de respuesta inmediata).

lunes, 1 de marzo de 2010

¡LARGA VIDA AL URBANISMO!

Hace ya tiempo que asistimos a la agonía del Urbanismo -con mayúscula- en nuestro entorno. Una disciplina esencial para nuestras vidas, al conformar el hábitat en que se desenvuelven todas las actividades y que sin embargo nunca ha sido muy bien atendida en España. De hecho, los excepcionales casos que hemos colocado en la Historia tenían un trasfondo especulativo (ahí está el invento de la Ciudad Lineal). Y atesoramos muchas oportunidades perdidas (una reciente exposición nos descubre lo que podía haber sido la Plaza de Oriente, si Fernando VII no hubiera decidido que gastar en Urbanismo era una tontería, al contrario que en el resto de Europa; nuestros reyes siempre han sido más listos que el resto).

En los últimos tiempos, la atención al espacio urbano sucumbe ya del todo bajo argumentos económicos (v.g., proliferación de soportes publicitarios que suponen un crimen espacial para ganancia de calderilla y sobre todo, generación de comisiones varias) y bajo el peso de la asfixiante normativa y legislación urbanística, tan compleja como inútil e inflexible, y que siempre ha sido el asombro de los expertos de fuera, al favorecer la especulación desde presupuestos de legalidad. Parece que el paisajismo, esa búsqueda de la calidad espacial y de la protección del hábitat urbano, ha desaparecido, y sólo queda el afán de cumplir normativas mezclado con la megalomanía de quienes deben “hacer ciudad” y la codicia de los agentes que desarrollan el planeamiento.

Qué buena muestra suponen los recientes ensanches de nuestras ciudades, con esa soberbia ocupación de suelo, bien escaso que se consume con alegría en desarrollos donde ni el dimensionado es correcto (¡cuánto sin vender a estas alturas!). Para entrar a Sanchinarro (Madrid), tenemos una avenida de cuatro carriles por sentido, además de generosa mediana y aceras y bandas de aparcamiento en cada lado. Vamos, que cruzar la calle como mínimo necesita acopio de provisiones. Una auténtica barrera en la puerta de las casas, impidiendo la necesaria relación entre ambos lados de la calle, además del despreciado beneficio climático que supondría una calle de ancho proporcionado a las alturas de los edificios, o el ahorro que vendría de redes de infraestructuras más cortas.

Si no hace falta ese ancho porque el tráfico no lo necesita, entonces hemos dimensionado mal. Y si es necesario porque en horas punta se colmata el viario… hemos dimensionado peor, ya que hemos creado un barrio que necesita una autopista en medio para poder funcionar. Mal, en cualquier caso. Mal, como la rotonda de entrada… del mismo tamaño que la Plaza de la Concordia en París. ¿Necesita Sanchinarro una rotonda del mismo tamaño que el centro neurálgico de París? Me temo que tenemos el rumbo equivocado…

Y si esto pasa en los nuevos desarrollos, también en la ciudad existente. Aunque muchas veces sea fruto de épocas mejores, aquí estamos para estropearla. Decisiones de políticos de dudoso gusto y escaso peso intelectual entierran dinero en actuaciones dudosas que sólo responden a la megalomanía y a raptos de inspiración mística (no se me ocurre otra explicación). (NOTA: las maravillosas Fuentes Océanas han sido destruidas y nadie ha protestado… ¿no nos queda esperanza?).

Así, las reglas más elementales -de todos sabidas- se obvian y entierran bajo costes escandalosos en operaciones inútiles, caras y, sobre todo, feas. Kevin Lynch hablaba de la importancia de tener hitos en las ciudades, e intuitivamente ya lo sabíamos. También hablaba del problema que supone el exceso de hitos… y también lo sabíamos. Desgraciada Plaza de Castilla, donde al exceso de hitos se ha unido uno nuevo, cortesía del Fallero.

¿Existía, por poner otro ejemplo, una entrada a una ciudad de mayor calidad que la que se hace a Madrid desde la carretera de La Coruña? Maravillosamente arbolada, envuelta en verde, flanqueada por la singularidad de la Casa do Brasil, de la Escuela de Ingenieros Navales, del Museo de América, y rematada en su final por el monumental Arco del Triunfo (ojo a la desmemoria histórica, que hablamos de hace 70 años, a ver si vamos a tener que quitar la placa del 2 del mayo un día de estos).

Y de pronto, hace unos años, se cometió el crimen de incrustar algo “fuera de escala”, como un objeto del espacio que cayó del cielo donde el azar dispuso, mal hecho (con placas cayéndose desde el primer día), mal programado (inútil… tanto tiempo cerrado y nadie lo ha echado de menos) y mal dimensionado, dejando a escala ridícula todo el entorno con cargo a nuestros impuestos, que vuelven a dilapidarse ahora al acometerse una reforma completa del artefacto, con adecuación a las normativas actuales... qué posteridad más breve, igual que le pasa a los cuadros de Barceló. Como en los programas de adelgazamiento, un par de fotos CON y SIN hablan por sí solas. Si lo ponen en el Retiro se hubieran quedado igual de satisfechos.

¿Más ejemplos? ¿Qué tal la ofensiva granítica que actualmente se vive en Madrid, con esa peatonalización que se extiende como una mancha de aceite? No discuto los beneficios de este esquema de ciudad, aunque sean sin embargo discutibles. Resalto aquí el hecho de que no se aproveche, de nuevo, para “hacer ciudad”. Simplemente se pavimenta y se corta el tráfico. Un espacio sagrado en Madrid como es la plaza de Callao resulta ahora una infinitud alicatada, un festín de agorafobia donde se han dejado caer, como siempre, todos los chirimbolos posibles, sin orden ni concierto.
Así está también la Puerta del Sol, donde en poca distancia se cuentan hasta tres entradas al Metro (se ha peatonalizado Montera, pero se mantienen los accesos de pares e impares separados ahora por… nada, que ya no hay calle en medio…), varias cabinas, carteles publicitarios, registros y armarios técnicos, quioscos, etc. Una zona peatonal que da miedo a los ciegos es un sinsentido. El desasosiego y el vacío se han instalado en estos no-espacios, allí donde ha salpicado la brigada de soladores.

No quiero ser menos, y también yo voy a dejar caer un chirimbolo, un elemento discordante, una ameba urbanística que me asegure un puesto en la posteridad, y tan dilapidadora que nadie se atreverá a quitarla… ¡Vaya, pero si no queda tan mal, se está articulando el desértico no-espacio! ¿Larga vida al Urbanismo? ¡Larga vida a Perogrullo!

domingo, 7 de febrero de 2010

EL ALMA DE INVICTUS

¡Qué magnífica película nos ofrece Clint Eastwood! Nadie debería perderse esta estimulante historia que nos devuelve la fe en el ser humano, que nos da un reciente ejemplo histórico de que algunas veces (aunque sea pocas) las cosas pueden ir a mejor, de que un individuo con determinación inquebrantable y enorme capacidad de irradiar a los demás puede cambiar la historia. Vamos, que todavía hay esperanza en este río revuelto. Que el vehículo sea, además, el rugby me alegra especialmente, ya que llevo tiempo castigando a mis conocidos con las virtudes de ese brutal y sutil deporte, aunque esto lo dejo para un futuro “post”.

Pero no sólo la historia es fabulosa, sucede que también está bien contada. La película, a cualquier nivel, es extraordinaria. Recomiendo, por cierto, la versión original... hay también contenido en la disparidad de lenguas y acentos de cada grupo, de cada etnia.

En cualquier caso, no traigo aquí esta película por hacer crítica cinematográfica, sino por reparar una injusticia, que es lo único negativo que puede decirse de la cinta. El caso es que tras la historia que se cuenta flota un poema, que es toda una declaración de principios, y que resume el espíritu de la historia. Se trata de un poema titulado, evidentemente, INVICTUS, que según se cuenta en la película acompañó a Mandela en su cautiverio, estimulándole e inspirándole en sus peores momentos. Un “poema victoriano”, se dice en la película, que en una escena inspirada, se lee de fondo, y que en otro momento se ve escrito por la mano de Mandela-Freeman...

Pero no se llega a decir en ningún momento que su autor fue un personaje llamado W.E. Henley. Y esta es la injusticia, no contar al público que, además de todo, está este gran poeta, y aprovechar la ocasión para que su obra siga inspirando a muchos otros. Bien es cierto que el poema citado es, según creo, muy popular en el mundo anglosajón, y es, a lo mejor, la razón, de que la autoría se halla obviado. No es así, sin embargo, en el ámbito castellano, donde Henley es absolutamente inédito y desconocido, sin entrada alguna en la base de datos del ISBN. Quien tenga más o menos mi edad, igual recuerda que un trozo de INVICTUS figuraba en el libro de texto de inglés de 6º de básica... es la referencia más cercana que puedo dar.

Y sin embargo, Henley es un poeta y una personalidad sobresaliente. Amigo íntimo de los mejores escritores de su tiempo (Wells, Kipling, Stevenson, Hardy, Barrie, Shaw), de los que fue además en muchos casos editor, arrastró una penosa enfermedad que culminó con la amputación de una pierna y una larga convalecencia durante la cual escribió uno de sus mejores libros, “In Hospital”, cuya exquisita primera edición regalé hace poco al bardo David Gutiérrez, como muestra de agradecimiento. Cualquiera que se vea obligado a una larga convalecencia hallaría consuelo en esa colección de poemas con la que podrá identificarse fácilmente. Henley fue, además, el auténtico John Silver El Largo, y así lo retrató Stevenson en “La Isla del Tesoro”.

Pero el lugar en la Historia se lo ha asegurado INVICTUS, con un par de versos finales que figuran inspiradores en la memoria de varias generaciones. Nada de lo que diga es mejor que el propio poema, así que aquí lo rescato completo, y traducido. De nada.

Invictus
William Ernest Henley

Out of the night that covers me,
Black as the Pit from pole to pole,
I thank whatever gods may be
For my unconquerable soul.
In the fell clutch of circumstance
I have not winced nor cried aloud.
Under the bludgeonings of chance
My head is bloody, but unbowed.
Beyond this place of wrath and tears
Looms but the Horror of the shade,
And yet the menace of the years
Finds, and shall find, me unafraid.
It matters not how strait the gate,
How charged with punishments the scroll,
I am the master of my fate:
I am the captain of my soul.






Invicto
Desde la noche que sobre mi se cierne,
negra como su insondable abismo,
agradezco a los dioses si existen
por mi alma invicta.
Caído en las garras de la circunstancia
nadie me vio llorar ni pestañear.
Bajo los golpes del destino
mi cabeza ensangrentada sigue erguida.
Más allá de este lugar de lágrimas e ira
yacen los horrores de la sombra,
pero la amenaza de los años
me encuentra, y me encontrará, sin miedo.
No importa cuán estrecho sea el camino,
cuán cargada de castigo la sentencia.
Soy el amo de mi destino;
soy el capitán de mi alma.

martes, 12 de enero de 2010

DE REVISTAS Y ÁRBOLES

No creo que el Apocalipsis haya llegado todavía, ya que si no recuerdo mal éste se iniciaba con la apertura del Séptimo Sello y mal que le pese a Bergman, esto no debe haber pasado aún. Lo digo porque imagino que cuando realmente suceda (y cada vez que veo “Sálvame” estoy convencido de que sucederá), irá acompañado de un importante aparato publicitario. Digo todo esto porque no creo que la corriente catastrofista que desde un sector supuestamente verde nos amenaza alternativamente -según el clima del día- con glaciaciones o desertizaciones deba preocuparnos en exceso.

Ello no quiere decir que no me preocupe el evidente proceso de degradación de nuestro entorno, ya que lo que sí está claro es que está redundando desde hace mucho en un progresivo deterioro de nuestra calidad de vida. Lo asombroso es que si bien algunas de nuestras malas prácticas al respecto al menos tienen alguna razón de utilidad, otras en cambio son fruto directo de esta Era de la Estupidez en que nos ha tocado vivir. Un ejemplo inmediato es la fiebre de vocaciones de camionero que se ha despertado en una importante parte de la población que opta por desplazarse en vehículos muy parecidos a los de la División Panzer.

Podemos mandar miles de correos a Kioto o a Copenhague, pero realmente, deberíamos empezar por simples y cotidianos gestos. Y de entre todas estas causas a erradicar, brilla con luz propia una de las más perniciosas y que más desapercibida pasa, que no es otra que la ingente cantidad de papel con que diariamente nos llenan el buzón. Papel que provoca una desforestación directa, en cuya fabricación se han usado componentes contaminantes, y en cuya impresión se han gastado recursos inútilmente.

Todos sabemos de lo que hablamos: publicidad, tanto indiscriminada como discriminada -lo mismo da, no deseada en todo caso-, aderezada con unos cuantos extractos bancarios y otras cuantas facturas. Y por si no fuera bastante, además, las revistas “corporativas” o, en lenguaje llano, las revistas inútiles. Cada vez que abro el buzón y saco una de estas revistas, que irá en cuestión de minutos a la basura, me da la sensación de que en algún sitio acaban de talar un árbol más. Si al menos sirviera para algo…

Hago al lector dos propuestas: una primera es muy sencilla, y es dedicar un minuto a realizar un inventario mental de cuantas revistas inútiles recibe regularmente. Aseguro que este ejercicio provoca emociones fuertes o, al menos, asombrosas. Aquí va mi lista:

- Cada una de las Organizaciones No Gubernamentales a las que periódicamente abonamos una cuota, aunque sea mínima, nos premia con una revistita; algunas son mensuales, otras trimestrales. Si no cuento mal, en mi casa son cuatro organismos que claramente no merecen sus cuotas, ya que gastan una parte de ellas en algo tan inútil.
- El Colegio Profesional al que pertenezco por obligación legal tampoco se queda atrás. Después de años de debate entre los colegiados sobre la necesidad de financiar una revista no deseada, el equipo actual ha decidido… ¡crear otra revista más! Así que en vez de una nos manda dos periódicamente, a la que se añade una tercera desde el Consejo Superior de Colegios. Con las anteriores van ya siete.
- También pertenezco a una Mutua de Previsión profesional. ¡Cómo no iban a mandar también su propia revista! Y van ocho.
- Aunque parezca increíble, la empresa que fabrica mi coche también se siente obligada a mandarme su panfleto trimestral, con artículos apasionantes (“El correcto inflado del neumático, 2ª parte”). Ya hacen nueve.
- La Federación Española de Golf, deporte al que dedico más o menos tres o cuatro horas al año, y sólo para que el resto de jugadores de mi campo pueda nutrirse de todas las bolas que pierdo, también me manda su publicación; ésta es especialmente insufrible, por cierto, y a veces se duplica o triplica, al recibir ejemplares idénticos otros miembros de la unidad familiar.
- Pertenecemos a un club deportivo… ¿hace falta que diga que también tiene su publicación mensual? Van once.
- La Mutua donde tengo asegurado el coche… van doce.

No sigo, creo que la muestra basta, y si llego al siguiente número a alguien le puede sentar mal. Algún lector mal intencionado estará pensando que lo que pasa es que pertenezco a demasiadas cosas… me permito sugerir que uno está en el derecho de pertenecer a lo que quiera, y que no por ello tiene la obligación de convertir su casa en una sucursal de la sección de revistas-basura de la Hemeroteca Nacional.

Lo que hay que tener claro es que esta situación, multiplicada por todos los que somos, debe resultar en una cifra escandalosa de toneladas de papel desperdiciado día tras día. Añadamos publicidades varias, que también van a la basura (o al reciclado, lo mismo da) sin leer, las revistas que reparten en aviones y trenes, buzoneos, etc.

Mi segunda propuesta es obvia: respondamos a cada recepción con una carta al remitente expresando nuestro absoluto desinterés por su revista, y con la prohibición expresa de usar nuestros datos para estos envíos. Una labor simple y paciente, pero que en un par de meses puede conseguir un ahorro de recursos enorme. Podíamos llamar a esta postura “objeción editorial”. Vamos a ver si empezamos a ser combativos, que si esperamos a los de Kioto no vamos a tener árbol bajo el que echarnos una siesta… o leer revistas…

Un último mensaje a los escritores de los artículos de estas revistas: para literatura inútil, nada mejor que un blog, inodoro e incoloro. Valga éste como muestra.

viernes, 9 de octubre de 2009

LLEGAR HASTA DONDE LLEGA EL MERCADO

He aquí una breve pero muy curiosa historia que me encuentro en el asombroso Wikipedia... señoras y señores, con ustedes, el mayor grupo de la historia del rock... The Masked Marauders.

La historia de los Merodeadores Enmascarados es probablemente una de las mayores bromas (¿o estafas?) de la historia comercial. Una curiosa historia que comienza con una reseña publicada en la revista Rolling Stone el 18 de octubre de 1969, en la que el cronista asegura haber asistido en Hudson Bay Colony, Canadá, a una “jam session” de una banda de experimentados amigos, que se han reunido por el puro placer de tocar juntos, y poder grabar un disco en paz y armonía, alejados del ruido de las multitudes. No se trata de unos cualquiera; estamos hablando de Bob Dylan, Mick Jagger, John Lennon, George Harrison y Paul McCartney.

El artículo lo firma T. M. Christian (seudónimo del editor de Rolling Stones, Greil Marcus), y describe la sesión con todo lujo de detalles, incluyendo la lista completa de canciones grabadas y quiénes tocan o cantan en cada una. Cinco cortes en la cara A y cuatro en la cara B del primer LP, la mayoría de ellos temas clásicos de la época más heroica del rock’n’roll, y algunos nuevos firmados por The Masked Marauders como autores. También se incluyen largas improvisaciones instrumentales. Dice literalmente la reseña, “ciertamente se puede decir que este álbum es más que un modo de vida: es la vida”.

Porque como se cuenta en el artículo, los contratos que atan a cada uno de los artistas han hecho imposible que se identifiquen, y los nombres recogidos en el disco son seudónimos, así como el nombre del grupo se ha inventado para la ocasión: The Masked Marauders, algo así como los Merodeadores Enmascarados. Como productor, el mismísimo Al Kooper, una leyenda desde que tocó el Hammond en Like a Rolling Stone. Y como casa de discos, un sello desconocido: Deity Records.Un pequeño pánico colectivo se desata, y las tiendas de discos reciben peticiones por todas partes de un disco que no tienen. Incluso Grossman (manager de Dylan) y Klein (manager de Beatles y Rolling) se ven colapsados por fans deseando hacerse con el histórico vinilo.

La respuesta no se hace esperar, y pronto aparecerá un disco que responde exactamente a la descripción hecha en el artículo; incluso alguno de sus cortes se radia en emisoras de San Francisco y Los Ángeles. Más de 100.000 unidades se venden en días, y durante doce semanas el vinilo estará en el Billboard.

Pronto se destapará la verdad, sin embargo. Nunca existió la sesión descrita, y el grupo que realmente ha grabado el vinilo es una oscura banda de “skiffle” contratada para la ocasión por los artífices del reportaje, los Cleanliness and Godliness, a los que se ha pedido que interpreten lo descrito, imitando voces y maneras de tocar de las estrellas. Para la ocasión, incluso la Warner colaborará dando de alta un sello nuevo (con el nombre de Deity Records, por supuesto) y poniéndolo en la producción. Técnicamente, no hay en el producto mentira alguna, los nombres que aparecen son los verdaderos y las canciones que recoge son las nombradas en la funda. Otra cosa es que todo el mundo creyera en la revista Rolling Stone. Desde ésta, y después de saberse la verdad, el asunto siempre se trataría como una gran broma, manifestando la creencia de que era difícil que nadie fuera a tomársela en serio. Gleason, cofundador de la revista, diría que había sido un “delicioso pedacito de mitología instantánea”. Broma que a los airados fans no hizo mucha gracia, por cierto.

El invento estaba bien fabricado, ya que refería de modo directo a las tendencias de entonces. Así, se inspiraba por un lado en el incipiente auge que estaban cobrando en la época las superbandas, pero también en el éxito de ventas que alcanzaban entonces los primeros discos piratas, fabricados desde cintas desechadas y escamoteadas de los archivos de las discográficas, un producto en el que descartes y conciertos de Dylan estaban empezando a batir marcas de ventas.

Como guinda, una de las frases del texto impreso en la funda del vinilo: “En un mundo de farsantes, los Masked Marauders –benditos sean- son el artículo genuino”. Muchos años después, inspirados en esta historia, grabarían juntos los Travelling Wilburis, una superbanda compuesta, esta vez, de estrellas de verdad (incluyendo a dos de los supuestos Merodeadores) que no firman con sus verdaderos nombres, si bien les resulta difícil ocultarse bajo la música.

Para aquellos lectores de irrefrenable curiosidad o enfermiza mitomanía hay que decir que el disco de marras está remasterizado y digitalizado, y es fácil de encontrar a través de Internet. Otra cosa es que merezca la pena, musicalmente hablando, ya que resulta francamente tedioso. También se puede bajar de diversos sitios de la red, y creo que por esta vez sin cargos de conciencia. Ya sabéis, quien roba a un ladrón...

viernes, 2 de octubre de 2009

JUICIOS Y PREJUICIOS

Tras un largo paréntesis estival y otra vez metido de lleno en mi torbellino, me encuentro otra muestra más de que este mundo, este viejo mundo mío, se está trastocando, y a veces me da la sensación de que la velocidad con que gira es pasmosa. “Time is a jet plane”, decía Robert Zimmerman...

El caso es que mi amiga Z. nos ha dejado con la boca abierta, porque acaba de “salir del armario” (esta expresión es odiosa, pero no es ocasión de jugar con la ética lingüística, que estamos ante un tema de importancia). Hace unos días, Z. ha hecho público que comparte su vida desde hace años (más o menos, una década) con otra mujer, y no contenta con ratificar vagas sospechas –en diez años algo se ha notado- ha decidido casarse, además.

Sé qué habrá lectores a quienes todo esto no parezca extraordinario, y que se mueven en un ambiente donde las relaciones “alternativas” (joder con las expresiones correctas) no son ninguna novedad. En el ambiente en que me muevo, en cambio, sí lo son. A
veces incluso no sólo una novedad, sino una novedad dudosa. El miedo a lo que es diferente a nosotros mismos a veces se trastoca en censura o desprecio (¡tanto afán por destacarnos del resto, por ser más originales, y a la hora de la verdad nos aterra despegarnos de lo mediano!).

Confieso que yo mismo, supongo que por deformación profesional -la forma sigue a la función, y todo eso-, siempre he creído que lo normal o lo correcto venía ya condicionado por el diseño, sin más posibilidades. Y de pronto, esta identificación entre comportamiento y biología se me está antojando ahora una etología un tanto pobre, más cercana a los patos de Konrad Lorenz que a lo que debe primar al relacionarnos con nuestros semejantes, e incapaz de explicar los insondables misterios de nuestra ignota humanidad.

Así, y por más que lo intento, y desde mi minúsculo punto de vista -un átomo en un universo inconcebible- no consigo encontrar nada reprobable en esta historia. No puede tratarse de un mal funcionamiento biológico, de una “desviación”, ya que mucho me temo que a Z. no le gustan las mujeres, sino que le gusta SU mujer. No puede existir tampoco una contaminación ambiental, por cuanto esta amiga procede de un entorno tan cerrado como el mío. Y tampoco se podrá argumentar que es un comportamiento fruto de la inexperiencia en las relaciones “convencionales”, ya que sucede que cuando Z. conoció a su pareja, ambas mantenían relaciones estables con sendos maromos, y ambas cambiaron la tranquilidad de esa “normalidad” por una vida incómoda y opaca, por una vida de doble factura, que en muchos momentos habrá resultado asfixiante, pero que siempre les ha valido la pena, con tal de entregarse cada una a la otra.

Como a los padres de “Adivina quién viene a cenar”, ya no me quedan argumentos para el rechazo, y para ser negativo sólo me queda pensar en cómo un entorno injusto y miope pueda interferir en la pareja. Pero si esta relación ya ha pasado por tantos años de renuncia a la comodidad, se ha reforzado en un enorme brío común de mantenerse aún bajo un disfraz, evitando cualquier interferencia, y ha culminado en la valentía de sacar la verdad finalmente a flote, mucho me temo que pocas presiones pueden importar ya. Menuda fuerza y convicción hay que tener. Aquí, sólo puede haber una respuesta a todas las preguntas, y esa es el Amor, uno de tal magnitud que no habrá dinamita que lo venza. Aquel que tenga el convencimiento de que el suyo le compensaría por pasar diez años de juego del escondite, por un rechazo de gran parte del mundo en el que ha vivido, incluyendo familia y supuestos amigos, aquel, que ose dudar de lo que no entiende. Los demás, manténganse en silencio.

En conclusión, me temo que tengo que replantearme aún muchos de mis esquemas, y que no puedo dar nada por consolidado... ¡a mi edad! Tendré que darte las gracias, Z., por recordarme que aún tengo mucho que aprender. Te deseo (os deseo) lo mejor. Y recuerda que quien ni siquiera hace el esfuerzo de entender, es probablemente porque carece de importancia.

OTRAS COSAS: Empieza la temporada imparable... vendrá Palladio a CaixaForum, para curarnos de la triste publicidad del miembro del “star system” que por fin cierra, curación que ya ha iniciado Niemeyer en la Telefónica (que por cierto, ha cedido definitivamente sus espacios más nobles al triste comercio de móviles, expulsando la Cultura a la planta tercera; ello no hace la muestra de maquetas, dibujos y fotografía del gran creador brasileño menos imprescindible). Y son inminentes las sorpresas en el Prado y en el Thyssen, donde dos grandes pintores, poco conocidos del gran público, serán objeto de sendas muestras casi completamente inéditas.

lunes, 15 de junio de 2009

MIS HORRORES FAVORITOS

Hace años -muchos más de los que me gustaría- era fiel lector de ese revoltillo maravilloso que se llamaba “La Luna de Madrid”, revista independiente que muchos años después de su desaparición se convirtió en la crónica oficial de la Movida (¿?), un fanzine de lujo que llegó a vender 30.000 ejemplares al mes.

Los que lo conocieron se acordarán de su maquetación abigarrada, que hacía vertiginosa la lectura, de su abundancia de tendencias, todas ochenteras, de su enorme plantel de creativos, Casani, Ceesepe, Pérez Villalta, Cueto, El Zurdo, García-Alix, Berlanga, Panero, Verdú, en unas páginas donde cabía todo, especialmente optimismo, transgresión y modernidad.

Y si hay una sección que recuerdo con especial añoranza es aquella titulada “Mis horrores favoritos”, donde mensualmente se exponía a la vergüenza colectiva una selección de arquitecturas falaces y dañinas, perpetradas por titulados sin conciencia. Tengo aun grabada en la memoria el artículo en el que se defenestraba el edificio con iglesia que sustituyó al vergonzosamente demolido convento del Buen Suceso, en la calle de la Princesa de Madrid; para ello se acudía a una acertada analogía con las latas de conserva...

No dejo de echar de menos esta sección, además, cada vez que algún disparate urbano me abofetea sin piedad. María del Mar se asombraba hace unos días cuando descubría que no existe ningún control estético-legal de lo edificado, salvo en algunos núcleos donde la protección histórica del ambiente ha sido tenida en cuenta en sus ordenanzas. Así debe ser, por supuesto: sólo faltaría que fuera el gusto de algún funcionario municipal el que decidiera qué es lo correcto (mientras lo fue Ventura Rodríguez en Madrid así era, por cierto, y a esa época le debemos edificios de los mejores… en todo hay excepciones). El control estético lo debe ejercer el propio arquitecto ante su obra, y esa es la primera máxima de la ética profesional.

El problema de fondo es que desde que la educación se construye entre el afán político de estadísticas que busca que todo el mundo acabe aprobando (una selectividad superada por el 98% de los estudiantes no es una selectividad) y una universidad donde prima ante todo el negocio, el título de arquitecto, que es el que nos ocupa, no garantiza que su poseedor tenga ni siquiera un criterio de qué fue lo bueno y lo malo antes de él.

La presión de los oropeles del star-system, la absurda pedagogía utilizada en la enseñanza del proyecto, viajes académicos para descubrir la obra de Calatrava a alumnos a quienes no se cuenta quién fue Alvar Aalto y sobre todo, una sociedad a la que la arquitectura importa un bledo, dispuesta a gastarse importantes cantidades de dinero no en un buen arquitecto, sino en un primo arquitecto, dan como resultado una disciplina en la que la ofensa al entorno está a la orden del día y a la que seguir considerándola “la madre de las bellas artes” empieza a resultar poco menos que un chiste.

Adjunto algunos ejemplos recientes, no tanto como denuncia a esta agonía de una actividad que fue maravillosa (todo debe cambiar para que todo siga como está, decían en El Gatopardo) sino como homenaje a esa íntegra sección de aquel fanzine. Será que me estoy haciendo mayor...

miércoles, 29 de abril de 2009

CON ZETA DE JAZZ

Para darle un respiro a nuestro esforzado Presidente en estos tiempos difíciles, y sabiendo la ilusión que le hace compartir espacio con Mr. Marshall, traigo a ambos a la vez a este modesto blog, como ilustración de las dos caras de una misma moneda. No cabe duda que la imagen que dan nuestros políticos está tan estudiada como la de cualquier estrella mediática. Se trata de vender, en cualquier caso, ya que la política es tan negocio como cualquier otra cosa. La cuestión es que algunos aciertan con la imagen, y otros… no tanto.

Dice Alazar que Barack Obama ha cultivado durante su campaña una imagen de músico de jazz de los 60, o en sus propias palabras, se ha revestido de un “look Blue Note”. La verdad es que ciertamente, es la impresión que da, no cabe duda. Pero a raíz de esta idea, y siendo un tanto retorcido, creo que este asunto está más que premeditado, y que lo que se ha buscado es más sutil… Yo diría que esta impresión está pero que muy estudiada, calculada cuidadosamente por sus asesores de imagen, y que va más allá. Concretamente, Obama resulta un icono que nos remite inconscientemente a los luchadores por los derechos civiles de los 60, al Dr. King y sus ayudantes, a Meredith entrando en la universidad bajo custodia de la Guardia Nacional, a los disturbios en Oxford Town, a conciertos benéficos en Misisipí de Seeger, Dylan y compañía, a Kennedy. ¿A que parece una idea muy eficaz?

Y en el otro extremo, podríamos situar al Sr. Rodríguez Zapatero. No es momento para entrar en lo mal que le sientan los trajes que lleva, algo que está más allá de cualquier ideología al ser un dato puramente objetivo. Lo que le trae a estas líneas y a este tema es esa campaña tan chocante como eficaz, a juzgar por los resultados electorales obtenidos después. Me refiero a esa campaña dominada por una Z, con esa idea de personalismo a ultranza, en la que no se vende ya una idea (que igual ni existe) sino directamente a un sujeto concreto -aún a costa de darle unos cuantos puñetazos al diccionario de nuestra maltrecha lengua. A priori, podríamos pensar que en este caso, también los asesores de imagen han sido muy eficaces…

…pero no es así, en realidad. Al menos, han descuidado el voto de los aficionados al cómic, a quienes la campaña de la Z nos lleva inevitablemente a asociar a D. José Luis con -¡ni más ni menos!- el mismísimo ZORGLUB, otro adicto a su propia Z, a la que también rinde culto, dictador en ciernes gracias a haber inventado la “zorglonda”, esa onda que anula la voluntad del votante, y poseedor también de unas cejas que inspiran cualquier cosa menos confianza.

No, los aficionados al cómic nunca podremos votar a quien nos remite subliminalmente al peligroso enemigo de Spirou y Fantasio, empeñado en colocar publicidad en la luna y en hacerse con el control del mundo entero. Que nadie se ofenda, es algo superior a nuestras fuerzas y a nuestra voluntad. Al menos, hemos colocado a José Luis junto a Barack en el mismo artículo, y eso sabemos que le gusta mucho. Cosas de la imagen…

sábado, 4 de abril de 2009

SIN POLÍTICA Y SIN RELIGIÓN, POR FAVOR

Nunca me ha parecido simpático el troceado y aspirado de niños en gestación. Por ello, he acudido recientemente a una manifestación pro-vida, junto con otras muchas personas justas. Sorprendentemente, la prensa favorable al crimen ha hablado de esta concentración como una maniobra de los partidos de derecha y del “ultracatolicismo” (un curioso término recién acuñado, con cierto aire despectivo, para añadir un toque amenazador a la Iglesia). Imagino que es su falta de argumentos lo que lleva a estas inexactitudes, o bien es que yo estuve en otra manifestación, ya que en la mía, ni entre los convocantes ni entre los participantes en el estrado estaban representantes de la Iglesia o del Partido Popular, que fue además criticado por su cobarde inhibición. Y es que este no es un asunto político o religioso, por más que sus promotores no tengan otra manera de venderlo, en burda reacción a ambos estamentos. No, el asesinato es un asunto universal; la defensa de la vida no conoce ideologías, creencias, colores. Por ello, he realizado un simple ejercicio, el averiguar cuántos argumentos contra el aborto se me ocurrían en una hora… sin política y sin religión. Sólo lo evidente. Aquí van:

1. Seré pretencioso, pero me considero persona desde mi concepción. Como un sabio oriental, debería celebrar mi cumpleaños de acuerdo a la concepción y no al alumbramiento. Si alguien prefiere pensar que en su estado gestante no era persona, allá él con su escasa autoestima.

2. He encontrado muchos testimonios de mujeres que han abortado y que declaran un profundo arrepentimiento. Lo que no he encontrado es ningún testimonio de madres arrepentidas de no haber abortado, y que prefieran que sus hijos estén muertos.

3. El supuesto derecho de la madre a decidir… ¿no debería tener en cuenta que también hay un padre? ¿O este sólo cuenta cuando hay que pagar facturas de manutención del niño? ¿Su derecho no debe ser también protegido?

4. ¿Quién es el guapo que pone los límites temporales? Se dice que la raya debe estar en ese punto antes del cual el niño no prospera solo… pero en realidad, ese punto está varios años después de nacer. ¿Podemos por tanto cargarnos al que berrea por las noches en casa del vecino, que también molesta un rato?

5. Ahondando en lo anterior: no hace muchos años, un sietemesino tenía pocas posibilidades de prosperar y en cambio ahora es un problema superado por el avance de la medicina. ¿Habrá una comisión que retoque el límite según la ciencia consiga mejores resultados? ¿La integrarán becarios de prácticas en cajas de ahorros?

6. Se considera de igual o mayor importancia la potencia que el acto, y hablo de los pensadores que han construido la historia de la Filosofía. Tanto o más importante es lo que puede ser como lo que es. Hasta los vaqueros lo saben… Decían en “Sin perdón” que cuando matas a un hombre, no sólo le quitas lo que tiene, sino que además le quitas todo lo que podría tener.

7. En el origen de todos los códigos de conducta de cualquier pueblo civilizado se encuentra esta idea: no hagas nada a nadie que no te gustaría que te hicieran a ti. Dicho esto, que levante la mano al que no le importaría que su madre le hubiera abortado.

8. Ante un aborto inesperado, se le deben ofrecer a la madre ayudas y soluciones, físicas y psíquicas. Pero entre esa oferta no puede estar un asesinato. Si se acepta como solución legítima, no hay gran diferencia con ofertar desde el INEM a un parado, además de subsidios y cursos, la elegante posibilidad del suicidio, que desde luego resolverá sus problemas de forma tajante. Y con esta óptica, también un empresario cercano a la quiebra puede presentar un plan de saneamiento que incluya el gasear a la mitad de su plantilla.

9. A las pocas semanas de gestación, el ginecólogo nos puso el sonido de la máquina de las ecografías. Casi me caigo de espaldas, al escuchar latir el corazón de mi hijo, ¡y con mucha más vida que el mío propio! ¿Quién se atreve a decir que no era el corazón de un ser humano porque no había llegado a las 22 semanas?

10. Matar un ejemplar de una especie protegida es un delito, como debe ser. Y matar uno que está gestando debe ser un delito mayor, ya que estamos duplicando la obstrucción al futuro de la especie.

11. Tradicionalmente se considera un agravante el que la mujer asesinada estuviera embarazada. ¿Deja de ser así si sólo muere el gestante?

12. Por lo que he podido leer, parece que la Ciencia tiene muy claro que el inicio de la vida está el momento de la concepción. He encontrado argumentaciones desde la genética, desde la biología molecular, desde la medicina,… Pero no he encontrado un escrito científico seriamente argumentado que defienda lo contrario, y mucho menos que establezca que el comienzo de la vida se produzca en otro momento.

13. Hoy es sumamente fácil evitar un embarazo. No hay excusa para que nadie deje de responsabilizarse de las consecuencias que provocan sus actos, tanto si se es imprudente en la carretera como si se es imprudente ante el sexo. ¿Hay que solucionar la papeleta al conductor imprudente rematando a su atropellado que, como el niño no nacido, estaba en un sitio “inoportuno”?

14. Si después de todo, a pesar de las numerosas campañas informativas, a pesar de la educación que los padres deben a sus hijos, a pesar de los pesares, se produce el embarazo no deseado… sabemos de la enorme lista de espera de parejas deseosas de adoptar. Cualquiera de ellas está más que dispuesta a sufragar todos los gastos de ese embarazo, la baja de la madre y hasta a pagarle un sueldo si hace falta.

15. Qué peligroso es uno de los argumentos clásicos de los abortistas y de los nazis: el niño que viene con problemas. Entra un concepto perverso, que es la eliminación para evitar una vida desgraciada. ¿Quién es capaz de decidir por otro, por muy averiado que esté, si tendrá o no capacidad de ser feliz? Cuando se pregunta a personas con minusvalías, disminuidos de cualquier tipo, ninguno se arrepiente de haber nacido ¡faltaría más!

16. Y ya puestos, si pasamos la noche con un mocetón de color… ¿no cabe suponer que si el hijo que viene es de color también puede ser desgraciado en según qué entornos más o menos racistas? ¿No es igualmente factible, entonces evitarle una vida “desgraciada” mediante un aborto a tiempo? ¿Y no será también desgraciada una niña en este perro mundo machista? ¿O un hijo de un seguidor del Betis, cuando todos los hermanos de la madre son del Sevilla? Maldita sea, este argumento es comodísimo para cualquier eliminación programada (léase limpieza étnica también).

17. Ante la decisión a tomar, la mujer en concreto debe saber que la opción del aborto no supone el “desembarazarse”, es decir, volver al punto inicial. Una vez la mujer se ha quedado embarazada (por una acción personal, ojo, esto no es un resfriado), haga lo que haga la situación final siempre será distinta a la de antes de iniciar la gestación. Por tanto, en su toma de decisiones se debe eliminar el espejismo de que abortando, “aquí no ha pasado nada”.

18. Hasta un abortista convencido, ante una mujer que porte un “embarazo deseado”, considera al gestante y habla de él como de un bebé sin ninguna duda. Hasta se le pregunta a la madre si el angelito se porta bien o da muchas patadas, si es niño o niña… Sin embargo, cuando el abortista habla de un “embarazo no deseado”, lo que antes consideraba un niño se convierte ahora en un embrión incipiente, en unas células en progreso, o en cualquier otra definición confusa que le evite problemas de conciencia.

19. Que te troceen y aspiren debe doler un rato… si se aplicaran métodos de tal crueldad con cualquier otro mamífero pondríamos el grito en el cielo. Sin embargo, un bebé en gestación (pese a que también tiene un sistema nervioso) para un abortista es menos que un animal.

Y hasta aquí me ha dado de sí la hora. Pero los argumentos podrían seguir… Ayer mismo Alazar me ofrecía unos cuantos más. En cualquier caso, no dejemos de acudir a manifestarnos cuando se pueda, colaboremos con asociaciones pro-vida, neguemos el voto a cualquier partido que no garantice en su programa el fin de esta vergüenza colectiva. Quien no luche contra este genocidio subvencionado se convierte en cómplice. No importa que seamos pocos, también eran pocas las primeras sufragistas, en una sociedad que tenía muy claro que la mujer no tenía capacidad natural para votar, o los primeros abolicionistas en un entorno donde la economía se sustentaba en la injusticia de la esclavitud. La causa es justa, por lo que la victoria es segura, en uno o en cien años.

domingo, 8 de marzo de 2009

CUANDO CONSTRUYAMOS OTRA VEZ

En una de mis recientes cacerías a través de la red del ancho mundo he cobrado una sensacional pieza. Se trata de un libro mítico en su campo, “When we build again”, que fue publicado en Gran Bretaña en plena guerra mundial (la segunda) y que tuvo una enorme influencia en la siguiente generación de urbanistas ingleses y en sus interesantes trabajos. Fue el fruto de un equipo de profesionales que lo editó de forma anónima para resaltar el carácter de obra colectiva (aunque es sabido, por ejemplo, que sus fotografías fueron hechas por el gran Bill Brandt, algunos de cuyos originales pudimos ver en la última edición de PhotoEspaña), y se centraron en Birmingham como ciudad-piloto de la investigación.

Los autores de este libro vieron en el parón que supuso la guerra, e incluso en la destrucción que el “blitz” suponía, una oportunidad de reflexionar sin prisas, de analizar los errores cometidos, de plantear nuevos esquemas, y de pensar cómo debían ser los hábitats urbanos del futuro. ¿Algún lector está pensando lo mismo que yo? Nuestro país se halla sumido en una profunda crisis, y entre sus causas ocupa un puesto destacado la voracidad inmobiliaria de los últimos años, sin duda. No es una guerra, pero en muchos aspectos sociales y económicos, la crisis está produciendo secuelas parecidas…

¿No es por tanto un buen momento para aprovechar el parón, reflexionar con calma, y preparar un futuro mejor? ¿No podemos tomar ejemplo de este equipo de idealistas, que supieron sacar partido a la desgracia? Pues mucho me temo que por ahora, esto no se está haciendo. Desde luego, nuestra clase política ya sabemos que no, están suficientemente ocupados en mantener el culo bien pegado al sillón. Y siento decir que nuestros pretendidos expertos, tampoco.

He asistido hace unos meses a unas jornadas organizadas por el Observatorio de la Vivienda del Ayuntamiento de Madrid. Han sido algo muy parecido a aquellos chistes de “van un ruso, un francés y un español…”. En efecto, los países que nos rodean sí tienen visión de futuro. Representantes de Holanda, Francia e Inglaterra, ligados a distintas universidades, expusieron sucesivamente los estudios en los que se hallan inmersos, buscando las causas de la muerte inmobiliaria, el cómo reorientar la actividad para cuando despierte, qué hacer con el suelo y el “stock” existente, y poner las bases de crecimientos sostenidos, con mayor calidad y adaptados a la demografía y economía futura. Tres ponencias esperanzadoras, imaginativas y cargadas de ilusión.

Y llegó el turno del español, representante de una empresa que realiza los estudios de mercado inmobiliario para el Ayuntamiento de Madrid. Con él, llegó el desenlace del chiste. Todo lo que supo exponer son las medias de sus estadísticas, el producto de simples operaciones aritméticas sobre bases de datos dudosas (de sociedades de tasación) y encuestas telefónicas. A cuánto está la oferta (que no el valor) del metro cuadrado en cada barrio, cuántas viviendas se han vendido, cuántas en mercado primario y cuántas en secundario… No faltaba la noticia de siempre, “un año más, la vivienda demandada ha reducido su tamaño”, como si el comprador realmente prefiriera menos metros y no fuera la razón el que cada vez puede pagar menos. Ausencia de visión de futuro, pero también mal análisis del presente.

Para rematar la jornada, se abrió una mesa redonda para que los “expertos” del sector dieran su visión de la crisis y las soluciones que proponen. Los he puesto entre comillas porque me resulta muy asombroso que reiteradamente se convoque a los mismos (uno de ellos debe vivir sólo de este tipo de eventos, porque no creo que le de tiempo a nada más). Son, precisamente, representantes de las empresas que han colaborado directamente en el hundimiento. ¿Porqué si esta gente es parte del problema, se les deja también opinar en cómo hay que solucionarlo? ¿Es que debemos contratar al que nos ha robado para que después nos instale una alarma?

Entre los sabios, comienza el representante de las Sociedades de Tasación, que tiene el descaro de decirnos que ellos ya sabían la que se nos avecinaba, por lo menos desde hace tres años. Fácil de decir ahora, por supuesto. Y si es cierto, ¿nos podían haber avisado, o estaban muy ocupados llenándose los bolsillos? Mejores sonrisas nos preparaba el flamante nuevo presidente de los promotores (el anterior anda muy ocupado con varios pleitos, creo). Su brillantísima “solución final” pasa porque entre todos les recojamos la basura. Perdón, me refería a que en su opinión, estaba muy claro que el Estado tenía la obligación de comprarles todo el “stock” de viviendas que se les habían quedado colgadas. Además, teníamos a un banquero, clamando por la inyección económica gubernamental, y al rey de la estadística, recordándonos que hay que hacer viviendas cada vez más miserables, por que es lo que demanda el comprador. Sólo faltaba en la mesa un político, y así hubiéramos tenido el grupo completo (¡cuál hubiera sido su solución? a ver si lo adivino… ¿más vivienda protegida?).
Hay que tener muy poca vergüenza para haberse pasado tantos años de recolección sin abonar para después, y ahora dárselas de damnificado, de experto, y de injustamente tratado por los poderes públicos. ¿Nadie se da cuenta de que todas esas acciones nos hunden más en la ciénaga? ¿No habrá en todo Sodoma un único justo, que consiga el perdón para todos? ¿No hay nadie que sepa aprovechar la experiencia para mirar hacia delante?

Es obligación del político promover los grupos de investigación y opinión en este sentido, como es obligación de la banca el financiarlos. También es obligación de los promotores el mirarse el ombligo, y expulsar del sector a tanto arribista inculto y futbolero, primando la actividad de los que sí son profesionales sólidos, que a su vez deben ser capaces de replantearse sus esquemas, ya agotados. En resumen: alguien tiene que publicar un libro que se llame “Cuando construyamos otra vez”. No dejemos pasar, una vez más, la oportunidad, para encontrarnos, en la próxima crisis, diciendo las mismas cosas.

No quiero que se me tache de negativo, ni añadirme al grupo de plañideras que empeora la crisis hablando de la crisis. Voy yo también a mirar al futuro, y a dar ejemplo, desde mis escasos recursos. Por ello, prometo en próximo artículo, aportar nuevas ideas para estos problemas viejos. En realidad, no son nuevas ideas, sino las que todos los agentes del sector conocen perfectamente y siempre callan, no sea que se les cierre algún grifo… lástima que con ello hayan conseguido que se cierren todos. Hasta entonces.

jueves, 26 de febrero de 2009

EL SEÑOR EINSTEIN TAMBIÉN ESTÁ EN CRISIS

Si llego a su edad, espero fervientemente llegar además con el orden de cabeza, la facilidad para navegar por internet, el optimismo y el sentido del humor de mi madre. Recientemente me envía en un correo unas palabras que resultan una receta terapéutica para estos tiempos que corren, un estímulo para sacar partido del caos. Creo que es obligado colaborar en su difusión; espero que más de uno las encuentre, al menos, inspiradoras.

"No pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar superado.

Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones. La verdadera crisis, es la crisis de la incompetencia. El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia. Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar por superarla.” ALBERT EINSTEIN

¡LA LEYENDA DEL ENDURANCE SIGUE VIVA!

Llega a Madrid la muy famosa exposición sobre la aún más famosa gesta de Shackelton y sus hombres, la accidentada travesía del Endurance en la Antártida, toda una demostración de lo tenaz que puede ser el hombre cuando su supervivencia está en juego, y de lo importante que resulta en un equipo que tiene todo en contra estar dirigidos por el líder adecuado.

Aunque se ha publicado en multitud de medios, no me resisto a poner aquí el anuncio que Sir Ernest Shackleton colocó en la prensa británica para reclutar a su tripulación:

“Se buscan hombres para un viaje peligroso. Sueldo bajo. Frío extremo. Largos meses de completa oscuridad. Peligro constante. No se asegura retorno con vida. Honor y reconocimiento en caso de éxito.”

La exposición, basada en la organizada por el
American Museum of Natural History (Nueva York) cuenta como material principal con las extraordinarias fotografías de Hurley, que son obras maestras en sí mismas, con independencia de la apasionante aventura que documentan.

Cita obligada en el pabellón Villanueva del Jardín Botánico, es una ocasión única de vivir el espíritu de una época donde llegar más lejos era un fin en sí mismo, y el honor estaba por encima del dinero.